8 Take Me Down To The Paradise City Where The Grass Is Green And The Girls Are Pretty 8

domingo, noviembre 19, 2006

Chimpancés con Porra

Ayer, despues de una copiosa y cara cena y de unos cuantos cubatas yo me dirijí al Metro (Bilbao) para meterme en la cama. Me acompañaba A. y entramos en la estación de C por U. El tema es que no había tren en un cuarto de hora y A y yo nos pusimos a hablar. A es fumador. Vicio feo. Pero sin mayor malicia que esa.

A abrió su chaqueta, metió mano al paquete y sacó un piti. Lo encendió y uno de los seguratas, de modo bastante poco amable, le pidió que lo apagase. Y lo hizo. Estuvimos hablando diez minutos, y cómo ví que se caía de sueño, dije que me iba y así el hombre se iba a su casa. Nos despedimos, quedamos para la próxima, y, acto reflejo, mano al paquete y encender el cigarro apagado.

"APAGA EL PUTO CIGARRILLO CAGONDIOS"

Pero si me voy ahora. QUE ME IMPORTA UNA PUTA MIERDA, QUE LO APAGES.

Mal por mí, lo admito, pero me fuí. El perro impone. Y seguí escuchando la discusión desde el andén, ya que el tono aumentó. Mucho. Y las palabrotas. Bueno, el caso es que no sé cómo acabó el tema.

Vaya por delante que reconozco totalmente que mi amigo no debió encender el cigarro. Pero los seguratas del metro (y no me cabe duda de que entre ellos habrá personas maravillosas) están cogiendo una fama de chimpancés hiperdesarrollados imbéciles de cabezas cuadradas muy seria. Mucha gente conoce a otra mucha gente que han tenido un encontronazo con estos entes (porque lo de persona... algunos suspendieron el exámen del DNI). Y de un tiempo a esta parte no se les puede ni toser.

Me parece bien que se les tenga un respeto, ya que trabajan cuando yo estoy de chufla. Pero me gustaría que ese mismo respeto lo tuviesen ellos conmigo. Que ni voy borracho, ni quiero armar jaleo, no voy a tocarles los huevos y no llevo armas, ni blancas, ni de fuego ni nucleares.

Pero claro, pensé yo en el viaje, resulta que en fiestas de Algorta se vieron superados. No me importan ni interesan los motivos ni que pasó. Ahora resulta que los pobrecitos son ellos, que no pueden repartir estopa porque les superan, y los viajeros, que son los que al final pagan su sueldo, son una panda de cabrones indeseables que no tienen otra cosa que hacer que hacerles trabajar.

Y es que encima había que verles. En una esquina, apoyados, hablando de sus cosas (o rascándose los cojones). Es impresionante la capacidad de ciertos entes para sentirse importantes con un uniforme, unas esposas y una porra. Ah, si.... y seguridad absoluta de que siempre tendrás la razón...

Así que esta mañana cuando he abierto El Semanal de El Correo y he leido entre sonrisas el acontecido de Perez-Reverte con otro segurata (pongo el enlace en cuanto lo publiquen en la web).... estaba pensando en cómo enfocar esta entrada. En fín.

P.D.: Con más civismo, y más presencia policial, subnormales como los que están por las noches en el metro no saldrían de los zoos. E insisto. Con todo el respeto al resto del gremio de la segurdad privada.